Leer con emoción
Yo no soy una voz brillante
Yo no soy una voz madura
Yo no soy una voz que dice las cosas de manera elegante
Soy sólo una voz que ríe
Soy sólo una voz que habla
que canta
que llora
que llora…
Una voz honesta que dice verdades
a medias
completas
o nulas
Porque la verdad yo no sé
yo no entiendo
qué peso tendrá
mi voz en el tiempo
Soy sólo una voz que sufre
de hambre
de frío
de miedo
que busca y no encuentra
el latido perfecto
de un eco
Yo soy sólo una voz que grita
que pide clemencia
¡No más!
Por favor, ya no más
… no más
no me sigas matando de esta manera
no más…
Yo no soy una voz constante
Yo no soy una voz presente
Soy una voz que surge perdida
en el tiempo
de un pasado distinto
remoto
Soy una voz de formas
sin colores
dolores
tremendos dolores
temores que enfrían y congelan mi lengua
mi lengua muerta
mi lengua perdida
mi lengua profana
Soy sólo una voz que denuncia sin cálido aliento
los errores del mundo
que son mis errores
tus temores
y el mundo…
Soy sólo una voz que aprende
que escucha las olas y el viento
y la gente
Soy una voz que busca
incansable
el deseo latente
de una vida
de un cuerpo
de un nombre
Soy una voz potente que nunca se calla
que exclama bondades
y maldiciones
Soy una voz que pide
¡Ei!
No me ignores
no me olvides
… no me dejes
Yo no soy una voz a la que la atención se le preste
que cueste
que cueste escucharme
sentirme
tocarme
Soy una voz que espera tu paso
lento
errático
ausente
Soy una voz que ansía verte alcanzarme
Yo no soy una voz que disfrute
la vida
la muerte
Yo soy sólo una voz que dice
insaciable
aquí estoy
aquí estoy
reconoce en mi tu presencia
lejana
olvidada
amada
deseada
y detestada
Reconoce en mí tu presencia
ausente
que hace falta
Suspiro
Soy una voz que suspira cansada
Soy una voz que se entrega completa
desnuda
a la gente
al mundo
al amor
Yo soy sólo una voz que se desprecia
y que muere
Yo no soy una brillante
ni siquiera una voz madura
tampoco soy una voz que diga las cosas de manera elegante
pero no hay más
pues soy sólo una voz
Yo soy solo
una voz
martes, abril 28, 2009
domingo, abril 26, 2009
El proyectista
El proyectista pasa una película tras otra. Un cine entero dedicado exclusivamente a los niños. Únicamente películas que no son necesariamente infantiles, pero que si son disfrutadas por los pequeños.
El único día que le dan las gracias, es un viejito que siempre asiste a ver a Méliès.
El proyectista sabe que no todos los niños son pequeños.
El único día que le dan las gracias, es un viejito que siempre asiste a ver a Méliès.
El proyectista sabe que no todos los niños son pequeños.
De papel
El barco de papel lo hizo la menor de las hermanas. Entre ellas, el amor fraternal a veces daba paso al más puro de los desprecios, pero hoy no.
Las olas del canal que ellas habían escavado tras la casa no podían hundir el barco, pues en él viajaba el deseo de volver al mar del que se habían mudado, un anhelo que no podía perderse bajo el agua.
Las olas del canal que ellas habían escavado tras la casa no podían hundir el barco, pues en él viajaba el deseo de volver al mar del que se habían mudado, un anhelo que no podía perderse bajo el agua.
viernes, abril 24, 2009
El Tata Alegre
Conocer gente es crear historias. De todas las personas se puede extraer al menos una corta línea que escribir o que leer. Los cuentos que de ellas obtenemos no se parecen en nada a la persona en cuestión. Es normal. Nadie se parece al mundo que imaginan nace de él.
“A mí una vez me explicó mi ‘apá porqué en la plaza del centro está la base de la estatua sin la estatua. ¿A ninguno le contaron la historia del Tata Alegre?”
Se miraron los amigos. Estaban reunidos en la noche, disfrutando, platicando; una pequeña fiesta no programada, en donde lo importante era siempre el platicar y contar historias. Anécdotas de lo que se ha vivido.
“Pos no, a mí nunca me dijeron”, contestó uno. “Pero ahora que lo dices, si es raro que esté la pura base, ¿verdad?”
“Y luego la placa ya ni se lee. Pa’ saber quién construyó ahí.”
“Bueno, pues mi padre me contó porqué está la base ahí vacía y quién fue el que construyó la estatua que alguna vez estuvo ahí arriba”. Le dio un trago a su bebida y comenzó con su cuento.
“Dijo mi padre que hace mucho tiempo, en la esquina de la plaza, había un taller en el que se hacían trabajos en piedra, barro y metal. Bustos y torsos y figurinas; animales y personas y objetos de todo tipo. Un viejito estaba todo el día dale y dale a la escultura, dando forma siempre a sus distintos materiales. Era el Tata Gil, para unos, pero el Tata Alegre para todos.”
“Le decían el Tata Alegre porque era lo más característico de él. Siempre estaba contento. A todos les podía regalar una sonrisa, una broma o un pequeño saludo afectuoso. Su forma de ver la vida se reducía al trabajo; todo por el trabajo, la vida por el trabajo, la vida por el arte que emanaba de sus manos. Su esposa, su hija; para él eran preciosas, es verdad, pero era en el trabajo que encontraba esa fuerza que le hacía encarar con alegría todas las mañanas de su vida. Dicen que no decía mucho, pero que siempre extraía la plática de sus conocidos; de su sonrisa y sus tratos surgía la necesidad de contar una historia, aunque nunca fuera la del Tata. No hubo día, sin embargo, en que él no se despertara con alegría por seguir vivo, por encarar de nuevo a la escultura con sus ojos cansados; no hubo día, ni noche melancólica que evocara a la tristeza, en que él no pudiera levantar los ojos para contarle al cielo un pequeño chascarrillo. Pocos supieron por qué se fue su mujer y nadie nunca supo qué pasó con su hija, pues de él los cuentos no salían a palabras, y la historia de sus piezas nadie nunca supo leerla.”
“Cuando cumplió cien años la ciudad, que en aquel entonces todavía no era una ciudad, el gobierno comisionó la construcción de una obra que conmemorara la fundación y el crecimiento del pueblo. Convocó primero a un concurso para saber quién iba a tener que hacer el monumento para la que entonces era la plaza grande, pero pronto la gente comenzó a llamar al Tata. “Este es el que sabe como esculpir algo que sea del pueblo”, decían. “El Tata es el que nos conoce”, repitió alguien. En ese entonces el Tata acababa de regresar de un viaje al sur. Los habitantes se hallaban congregados en la plaza. Al llegar se sentó en una banca y prestó atención a los gritos de todos. No sólo querían una estatua. Querían un baile, un gran festejo que pudieran llevarse en la memoria; una fiesta es un recuerdo que intentamos atrapar para siempre. El Tata los veía. Observaba y sonreía. “¿Yo hago la estatua? Sí, sí, yo hago algo que a todos les guste, no hay problema. Ya verán que les va a gustar mucho y a todos.”
“El Tata nació tal vez cerca de donde murió, y viajó mucho mientras estaba vivo, pero la verdad nunca pudo dejar este pueblo, que ya no es tan pueblo, del que se enamoró. Dicen que reía y reía sólo por el gusto de ver el mar y estar cerca de él. Habrá nacido tal vez más al norte, tal vez al este, pero no nació aquí. Y esa era parte de la magia del Tata Gil. En su vida nunca pasó un día quieto. A veces desaparecía y se iba del pueblo por días, semanas. Pero regresaba y era como si nunca hubiera dejado el lugar. Este era su hogar, a fin de cuentas; sin importar cuantos puntos visitara, siempre regresaba para acá.”
“Llegó la fecha y en la plaza comenzaron a preparar todo para la fiesta. Las mesas se colocaron y las sillas junto a ellas; sobre las mesas los manteles, sobre los manteles los cubiertos, junto a los cubiertos las fuentes de madera llenas de pan, tortillas y ensalada. Grandes ollas de comida llegaron y papel picado de colores cruzó por encima de los faroles. Dos grupos de música se juntaron; se prestaron instrumentos y músicos según fuera necesario. Llegaron grandes barriles llenos de bebida, grandes vasos vacíos dispuestos a servirse llenos. Los perros se alistaban para recoger la comida que cayera al suelo y los habitantes que la harían de meseros se ajustaban sus camisas, preparándose para el festejo. Llegaron las salsas, llegaron las personas, llegaron las luces; y el ambiente, sin pensarlo, llegó también sin avisar. Antes de terminar de acomodar todo ya la gente se sentía feliz, sonriente; era el momento idóneo para celebrar. Mi padre tenía once años en ese entonces y dice que esa noche comió y jugó como ninguna otra noche de su infancia.”
“Los hombres hablaban con las mujeres y las mujeres hablaban con los niños y los niños hablaban con los hombres; el pobre con el rico, el rico con el político, el político con el jardinero mal querido y poco respetado. Todos eran uno. En el centro, entre ellos, cubierta por una manta, la estatua no develada del Tata Gil.”
“Llegaron las doce y de alguna manera entre el tumulto de las pláticas entrecruzadas se abrió paso la solemnidad. Junto a la estatua estaban el alcalde y el Tata, esperando en silencio para hablar. Comenzó el alcalde y cierta arenga política soporífera le dio pie al Tata para tomar la palabra. No dijo mucho, como siempre. Sólo lo que era esencial para él. “Van a ver como si les va a gustar. Este es el Espíritu de las Cosas. Se llama así porque de esta piedra hice el molde del espíritu de todas las personas que están aquí”. Y jaló la manta.”
“Mi padre nunca me supo describir que forma tenía la escultura. Sólo me dijo que todos los que la vieron en ese momento se sintieron felices. Plenos. No hubo a quien no se le dibujara una sonrisa en la cara. Alegría era lo que sentían. Alegría por estar vivos. Alegría por simplemente estar en ese momento. De la piel morena y las manos callosas del Tata Alegre había nacido la alegría para todos. Por un segundo fueron paz. Y al siguiente segundo, fueron fiesta.”
“Ninguno de los que vio la obra, el máximo trabajo del Tata, dejó de sentirse feliz por el resto de sus días.”
“Entonces ¿qué pasó con la estatua? ¿Por qué está pelona la base ahí en la plaza?”, era la pregunta de uno de los tertulios.
“Al año siguiente inició la guerra. Cuando entraron al pueblo lo rompieron todo. Según mi ‘apá al Tata Gil nunca lo mataron con las armas; cuando entraron a por él, el ya se había muerto. Ahí donde está la zapatería estuvo el taller del Tata Alegre.”
“Oye, pero ¿no está medio mamón eso de que todos los que la vieron se sintieron felices por el resto de sus vidas? Digo, mi ‘amá si era una señora muy feliz, pero la de este amigo aquí era una fiera“, “Pero mi madre venía de Durango”, “¿En serio?”, “Si”, “¿Y nadie recuerda haber visto triste alguna vez a alguno de los viejos?”
Un silencio.
“¿Qué habrá sido?”, “El Espíritu de las Cosas”, “Sí, pero ¿qué forma le das a eso?”, “¿Una eterna?”, “No lo creo. La escultura no permanece para siempre. Dura más que otras artes, pero como todo el arte, es efímera. Hoy está y mañana… mañana. Mañana llega la felicidad.”
“A mí una vez me explicó mi ‘apá porqué en la plaza del centro está la base de la estatua sin la estatua. ¿A ninguno le contaron la historia del Tata Alegre?”
Se miraron los amigos. Estaban reunidos en la noche, disfrutando, platicando; una pequeña fiesta no programada, en donde lo importante era siempre el platicar y contar historias. Anécdotas de lo que se ha vivido.
“Pos no, a mí nunca me dijeron”, contestó uno. “Pero ahora que lo dices, si es raro que esté la pura base, ¿verdad?”
“Y luego la placa ya ni se lee. Pa’ saber quién construyó ahí.”
“Bueno, pues mi padre me contó porqué está la base ahí vacía y quién fue el que construyó la estatua que alguna vez estuvo ahí arriba”. Le dio un trago a su bebida y comenzó con su cuento.
“Dijo mi padre que hace mucho tiempo, en la esquina de la plaza, había un taller en el que se hacían trabajos en piedra, barro y metal. Bustos y torsos y figurinas; animales y personas y objetos de todo tipo. Un viejito estaba todo el día dale y dale a la escultura, dando forma siempre a sus distintos materiales. Era el Tata Gil, para unos, pero el Tata Alegre para todos.”
“Le decían el Tata Alegre porque era lo más característico de él. Siempre estaba contento. A todos les podía regalar una sonrisa, una broma o un pequeño saludo afectuoso. Su forma de ver la vida se reducía al trabajo; todo por el trabajo, la vida por el trabajo, la vida por el arte que emanaba de sus manos. Su esposa, su hija; para él eran preciosas, es verdad, pero era en el trabajo que encontraba esa fuerza que le hacía encarar con alegría todas las mañanas de su vida. Dicen que no decía mucho, pero que siempre extraía la plática de sus conocidos; de su sonrisa y sus tratos surgía la necesidad de contar una historia, aunque nunca fuera la del Tata. No hubo día, sin embargo, en que él no se despertara con alegría por seguir vivo, por encarar de nuevo a la escultura con sus ojos cansados; no hubo día, ni noche melancólica que evocara a la tristeza, en que él no pudiera levantar los ojos para contarle al cielo un pequeño chascarrillo. Pocos supieron por qué se fue su mujer y nadie nunca supo qué pasó con su hija, pues de él los cuentos no salían a palabras, y la historia de sus piezas nadie nunca supo leerla.”
“Cuando cumplió cien años la ciudad, que en aquel entonces todavía no era una ciudad, el gobierno comisionó la construcción de una obra que conmemorara la fundación y el crecimiento del pueblo. Convocó primero a un concurso para saber quién iba a tener que hacer el monumento para la que entonces era la plaza grande, pero pronto la gente comenzó a llamar al Tata. “Este es el que sabe como esculpir algo que sea del pueblo”, decían. “El Tata es el que nos conoce”, repitió alguien. En ese entonces el Tata acababa de regresar de un viaje al sur. Los habitantes se hallaban congregados en la plaza. Al llegar se sentó en una banca y prestó atención a los gritos de todos. No sólo querían una estatua. Querían un baile, un gran festejo que pudieran llevarse en la memoria; una fiesta es un recuerdo que intentamos atrapar para siempre. El Tata los veía. Observaba y sonreía. “¿Yo hago la estatua? Sí, sí, yo hago algo que a todos les guste, no hay problema. Ya verán que les va a gustar mucho y a todos.”
“El Tata nació tal vez cerca de donde murió, y viajó mucho mientras estaba vivo, pero la verdad nunca pudo dejar este pueblo, que ya no es tan pueblo, del que se enamoró. Dicen que reía y reía sólo por el gusto de ver el mar y estar cerca de él. Habrá nacido tal vez más al norte, tal vez al este, pero no nació aquí. Y esa era parte de la magia del Tata Gil. En su vida nunca pasó un día quieto. A veces desaparecía y se iba del pueblo por días, semanas. Pero regresaba y era como si nunca hubiera dejado el lugar. Este era su hogar, a fin de cuentas; sin importar cuantos puntos visitara, siempre regresaba para acá.”
“Llegó la fecha y en la plaza comenzaron a preparar todo para la fiesta. Las mesas se colocaron y las sillas junto a ellas; sobre las mesas los manteles, sobre los manteles los cubiertos, junto a los cubiertos las fuentes de madera llenas de pan, tortillas y ensalada. Grandes ollas de comida llegaron y papel picado de colores cruzó por encima de los faroles. Dos grupos de música se juntaron; se prestaron instrumentos y músicos según fuera necesario. Llegaron grandes barriles llenos de bebida, grandes vasos vacíos dispuestos a servirse llenos. Los perros se alistaban para recoger la comida que cayera al suelo y los habitantes que la harían de meseros se ajustaban sus camisas, preparándose para el festejo. Llegaron las salsas, llegaron las personas, llegaron las luces; y el ambiente, sin pensarlo, llegó también sin avisar. Antes de terminar de acomodar todo ya la gente se sentía feliz, sonriente; era el momento idóneo para celebrar. Mi padre tenía once años en ese entonces y dice que esa noche comió y jugó como ninguna otra noche de su infancia.”
“Los hombres hablaban con las mujeres y las mujeres hablaban con los niños y los niños hablaban con los hombres; el pobre con el rico, el rico con el político, el político con el jardinero mal querido y poco respetado. Todos eran uno. En el centro, entre ellos, cubierta por una manta, la estatua no develada del Tata Gil.”
“Llegaron las doce y de alguna manera entre el tumulto de las pláticas entrecruzadas se abrió paso la solemnidad. Junto a la estatua estaban el alcalde y el Tata, esperando en silencio para hablar. Comenzó el alcalde y cierta arenga política soporífera le dio pie al Tata para tomar la palabra. No dijo mucho, como siempre. Sólo lo que era esencial para él. “Van a ver como si les va a gustar. Este es el Espíritu de las Cosas. Se llama así porque de esta piedra hice el molde del espíritu de todas las personas que están aquí”. Y jaló la manta.”
“Mi padre nunca me supo describir que forma tenía la escultura. Sólo me dijo que todos los que la vieron en ese momento se sintieron felices. Plenos. No hubo a quien no se le dibujara una sonrisa en la cara. Alegría era lo que sentían. Alegría por estar vivos. Alegría por simplemente estar en ese momento. De la piel morena y las manos callosas del Tata Alegre había nacido la alegría para todos. Por un segundo fueron paz. Y al siguiente segundo, fueron fiesta.”
“Ninguno de los que vio la obra, el máximo trabajo del Tata, dejó de sentirse feliz por el resto de sus días.”
“Entonces ¿qué pasó con la estatua? ¿Por qué está pelona la base ahí en la plaza?”, era la pregunta de uno de los tertulios.
“Al año siguiente inició la guerra. Cuando entraron al pueblo lo rompieron todo. Según mi ‘apá al Tata Gil nunca lo mataron con las armas; cuando entraron a por él, el ya se había muerto. Ahí donde está la zapatería estuvo el taller del Tata Alegre.”
“Oye, pero ¿no está medio mamón eso de que todos los que la vieron se sintieron felices por el resto de sus vidas? Digo, mi ‘amá si era una señora muy feliz, pero la de este amigo aquí era una fiera“, “Pero mi madre venía de Durango”, “¿En serio?”, “Si”, “¿Y nadie recuerda haber visto triste alguna vez a alguno de los viejos?”
Un silencio.
“¿Qué habrá sido?”, “El Espíritu de las Cosas”, “Sí, pero ¿qué forma le das a eso?”, “¿Una eterna?”, “No lo creo. La escultura no permanece para siempre. Dura más que otras artes, pero como todo el arte, es efímera. Hoy está y mañana… mañana. Mañana llega la felicidad.”
miércoles, abril 15, 2009
En un camión
Quedé con un amigo para pasarle este cuento. Cuando se lo iba a mandar, recordé que hace mucho tiempo no actualizo este blog. So...
Un hombre viaja en camión por la carretera y se queda viendo a un viejo que tiembla mientras ve con cara de asustado hacia adelante.
Ve al viejo pero no ve lo que el viejo está viendo. No al principio. Le llama más la atención el viejo. Observa con atención. Se viste como se viste él, pero con una moda un poco más anticuada. Usa los mismos colores y la ropa parece apretar y ser holgada en los mismos puntos que en la que él con tanto trabajo ha escogido.
Su cabello se parece al de él, aunque sea más escaso. Los zapatos son definitivamente de los que le gustan. Ve al viejo cuya piel le recuerda mucho a la suya. Lo observa con cuidado y ve que el viejo tiene en su mano derecha el mismo lunar que él tiene en la suya. ¿Sería uno de esos momentos?
¿Te has dado cuenta, cuando vas caminando, cuando sales de viaje o te diriges a la escuela o al trabajo, cuántas veces te cruzas contigo mismo en el camino? Te ves dentro de algunos años, o te ves hace algunos años. "Yo era así", dices a veces; "yo sería así", supones en ocasiones. A lo mejor el joven en el camión está viendo al viejo y se está viendo así mismo dentro de mucho tiempo.
Pero ¿por qué estaría tan nervioso? ¿Qué podría haberle pasado en el futuro para hacer que se asustara tanto en un camión?
Sigue la mirada del viejo y observa, sigue observando; ese es el verbo clave en este punto de la narración. Observa como el viejo mira con atención más adelante. Frente a ellos, un par de asientos más cerca de la puerta del camión, están dos niños brincando. Un niño y una niña, jugando a empujarse y a dejarse caer sobre los acolchados sitios del camión.
Si el viejo le recuerda a si mismo, el niño le recuerda aun más cosas.
La cicatriz en la pierna. Si. Ahí está. El peinado y la ropa de colores chillones. Ese niño es él de nuevo. Se está observando a si mismo en dos ocasiones en el mismo camión.
El hombre observa desde el fondo como él en su vejez se observa con miedo en su infancia. El niño juega, inconsciente, con su hermana menor - sabemos que es menor porque, a fin de cuentas, es el mismo hombre que ya conocemos desde el principio de la historia.
¿Qué podría estar pasando para que él, viejo, tuviera tanto miedo al verse a él, niño, y que no lo entendiera él, joven?
Tiempo después, ya pasados unos meses, platica con el viejo y el viejo le cuenta, primero, que si, definitivamente se trata de él. Ambos tienen los mismos recuerdos, las mismas experiencias. "No te puedo prevenir de mucho", le dice el viejo, "pero ten en cuenta que tu esposa morirá cuando tengas 33 años". "No, está bien, está bien. Entonces ¿viviré solo desde entonces?", "Bueno, alguna que otra aventurilla de ahí en adelante", responde el viejo. "Ya nos conoces, ¿no?", y comparten una risa llena de recuerdos que ambos saben que comparten.
"¿Y qué habrá pasado con el niño?", pregunta el hombre.
"¿El niño? Ah, ¿tú también te diste cuenta? Ahí estábamos los dos en nuestra infancia, jugando con Catalina - ¿tu hermana también era Catalina? ¿No? Mira, eso si cambia - a dejarnos caer sobre el asiento. Esa historia a veces me llenaba de pavor y a veces de sonrisas. ¿La recuerdas?"
"Ahora sí", responde el hombre. "Fue el día en que murió mi hermana. Nuestro transporte chocó de pleno contra un camión de carga y ella salió despedida fuera del autobús". "Si, si. Veo que si la recuerdas. ¿Ya sabes por qué temblaba, entonces?" pregunta el viejo clavando fijamente su mirada en el joven.
"No, la verdad no. Recuerdo el incidente con mi hermana, pero eso pasó hace mucho tiempo y ya no me afecta ni me da miedo. Si tú y yo somos el mismo, entonces yo voy a llegar a viejo conociendo esta historia que me estás contando. Podré reconocer ese momento y sabré que tendré que verlo. ¿Por qué habría de asustarme como te asustó a ti en el transporte el vernos a nosotros en nuestra infancia?"
"El punto no es que nos veamos de nuevo. Recuerda cuando estés aquí, en este punto, en tu vejez contándote a ti mismo lo que viste en ese camión. No tendrás miedo al vernos jugando con nuestra hermana. Pero el pavor que te absorberá al ver la mole de metal del camión que está a punto de estrellarse contra nosotros te detendrá el corazón en un segundo frío de dolor. Antes del choque, lo vas a ver todo y lo recordarás todo."
El viejo recogió su sombrero y pagó la cuenta. El hombre joven, en el restaurante, voltea a su izquierda con celeridad. En la esquina, junto a su madre, ve al niño que pronto se subirá a un camión con su hermana y se encontrará con él, el él que él era hace unos meses, cuando en un camión se encontró con el viejo que acaba de marcharse.
Ve al niño que mueve las piernas con soltura y recuerda. "Aquí es cuando yo tengo que regalarme las mentas". Y vive su ciclo interminable.
Un hombre viaja en camión por la carretera y se queda viendo a un viejo que tiembla mientras ve con cara de asustado hacia adelante.
Ve al viejo pero no ve lo que el viejo está viendo. No al principio. Le llama más la atención el viejo. Observa con atención. Se viste como se viste él, pero con una moda un poco más anticuada. Usa los mismos colores y la ropa parece apretar y ser holgada en los mismos puntos que en la que él con tanto trabajo ha escogido.
Su cabello se parece al de él, aunque sea más escaso. Los zapatos son definitivamente de los que le gustan. Ve al viejo cuya piel le recuerda mucho a la suya. Lo observa con cuidado y ve que el viejo tiene en su mano derecha el mismo lunar que él tiene en la suya. ¿Sería uno de esos momentos?
¿Te has dado cuenta, cuando vas caminando, cuando sales de viaje o te diriges a la escuela o al trabajo, cuántas veces te cruzas contigo mismo en el camino? Te ves dentro de algunos años, o te ves hace algunos años. "Yo era así", dices a veces; "yo sería así", supones en ocasiones. A lo mejor el joven en el camión está viendo al viejo y se está viendo así mismo dentro de mucho tiempo.
Pero ¿por qué estaría tan nervioso? ¿Qué podría haberle pasado en el futuro para hacer que se asustara tanto en un camión?
Sigue la mirada del viejo y observa, sigue observando; ese es el verbo clave en este punto de la narración. Observa como el viejo mira con atención más adelante. Frente a ellos, un par de asientos más cerca de la puerta del camión, están dos niños brincando. Un niño y una niña, jugando a empujarse y a dejarse caer sobre los acolchados sitios del camión.
Si el viejo le recuerda a si mismo, el niño le recuerda aun más cosas.
La cicatriz en la pierna. Si. Ahí está. El peinado y la ropa de colores chillones. Ese niño es él de nuevo. Se está observando a si mismo en dos ocasiones en el mismo camión.
El hombre observa desde el fondo como él en su vejez se observa con miedo en su infancia. El niño juega, inconsciente, con su hermana menor - sabemos que es menor porque, a fin de cuentas, es el mismo hombre que ya conocemos desde el principio de la historia.
¿Qué podría estar pasando para que él, viejo, tuviera tanto miedo al verse a él, niño, y que no lo entendiera él, joven?
Tiempo después, ya pasados unos meses, platica con el viejo y el viejo le cuenta, primero, que si, definitivamente se trata de él. Ambos tienen los mismos recuerdos, las mismas experiencias. "No te puedo prevenir de mucho", le dice el viejo, "pero ten en cuenta que tu esposa morirá cuando tengas 33 años". "No, está bien, está bien. Entonces ¿viviré solo desde entonces?", "Bueno, alguna que otra aventurilla de ahí en adelante", responde el viejo. "Ya nos conoces, ¿no?", y comparten una risa llena de recuerdos que ambos saben que comparten.
"¿Y qué habrá pasado con el niño?", pregunta el hombre.
"¿El niño? Ah, ¿tú también te diste cuenta? Ahí estábamos los dos en nuestra infancia, jugando con Catalina - ¿tu hermana también era Catalina? ¿No? Mira, eso si cambia - a dejarnos caer sobre el asiento. Esa historia a veces me llenaba de pavor y a veces de sonrisas. ¿La recuerdas?"
"Ahora sí", responde el hombre. "Fue el día en que murió mi hermana. Nuestro transporte chocó de pleno contra un camión de carga y ella salió despedida fuera del autobús". "Si, si. Veo que si la recuerdas. ¿Ya sabes por qué temblaba, entonces?" pregunta el viejo clavando fijamente su mirada en el joven.
"No, la verdad no. Recuerdo el incidente con mi hermana, pero eso pasó hace mucho tiempo y ya no me afecta ni me da miedo. Si tú y yo somos el mismo, entonces yo voy a llegar a viejo conociendo esta historia que me estás contando. Podré reconocer ese momento y sabré que tendré que verlo. ¿Por qué habría de asustarme como te asustó a ti en el transporte el vernos a nosotros en nuestra infancia?"
"El punto no es que nos veamos de nuevo. Recuerda cuando estés aquí, en este punto, en tu vejez contándote a ti mismo lo que viste en ese camión. No tendrás miedo al vernos jugando con nuestra hermana. Pero el pavor que te absorberá al ver la mole de metal del camión que está a punto de estrellarse contra nosotros te detendrá el corazón en un segundo frío de dolor. Antes del choque, lo vas a ver todo y lo recordarás todo."
El viejo recogió su sombrero y pagó la cuenta. El hombre joven, en el restaurante, voltea a su izquierda con celeridad. En la esquina, junto a su madre, ve al niño que pronto se subirá a un camión con su hermana y se encontrará con él, el él que él era hace unos meses, cuando en un camión se encontró con el viejo que acaba de marcharse.
Ve al niño que mueve las piernas con soltura y recuerda. "Aquí es cuando yo tengo que regalarme las mentas". Y vive su ciclo interminable.
miércoles, septiembre 19, 2007
dT
Extraño estudiar física con cuidado. No es lo mismo semi-estudiarla y recordarla mocha.
¿Qué puede
destruirse a si mismo,
sin ser siquiera creado?
¿Qué existe
fuera del tiempo
siendo sólo una parte de él?
¿Qué creer,
en la totalidad del continuo,
que existe
sin estar ahí?
¿Qué es,
que sin ser nada
construye el todo?
¿Qué puede
destruirse a si mismo,
sin ser siquiera creado?
¿Qué existe
fuera del tiempo
siendo sólo una parte de él?
¿Qué creer,
en la totalidad del continuo,
que existe
sin estar ahí?
¿Qué es,
que sin ser nada
construye el todo?
Schrödinger
Intento de poesía, aunque en realidad sea prosa trucidada.
Pocos como tú
han alcanzado en su estructura
tan perfecta duplicidad esencial.
Estás pero no puedes
ser, ocupando en la historia
que nunca fue escrita
un lugar geográfico singular.
Estás y no eres, pero eres
uno y otro sin ser ninguno
y siendo ambos al mismo tiempo,
ocupando todos los lugares
y uno solo
a la vez.
En la vida y en la muerte,
vivo o muerto,
eres sin ser y estás.
Puto gato.
Eso. Puto gato.
Pocos como tú
han alcanzado en su estructura
tan perfecta duplicidad esencial.
Estás pero no puedes
ser, ocupando en la historia
que nunca fue escrita
un lugar geográfico singular.
Estás y no eres, pero eres
uno y otro sin ser ninguno
y siendo ambos al mismo tiempo,
ocupando todos los lugares
y uno solo
a la vez.
En la vida y en la muerte,
vivo o muerto,
eres sin ser y estás.
Puto gato.
Eso. Puto gato.
viernes, diciembre 29, 2006
lunes, mayo 22, 2006
Sombras en la pared
Ahora quiero subir algo distinto. En parte por que tengo mucho tiempo sin subir algo, en parte por que me agradó la idea de ver esto representado; para algo está la licencia CC. Sólo avísenme y yo ayudo a montarla :3
Se llama Sombras en la pared. Cualquier uso o préstamo que se quiera hacer de ella, por favor comuníquenmelo.
Sinopsis: Un hombre en una clínica psiquiátrica tiene contacto consigo mismo y con su enfermera. Encerrado sin saber que lo está, el hombre sólo puede verse a si mismo, pero no se da cuenta de que es lo que está viendo. La mujer, en la misma situación, trabaja con la situación; ella está afuera.
Personajes
Hombre
Sombra del hombre
Mujer
Sombra de la mujer
(Silencio. El HOMBRE y la SOMBRA DEL HOMBRE están solos)
SH: Mmm… ¡No lo entiendo! ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué estamos aquí? Mira la puerta: está abierta. ¿La ventana? Ni siquiera tiene candado. Sabes muy bien que ahí afuera hay un mundo inmenso que nos está esperando, que nos necesita para completar el caos en el que vive; ¿por qué tenemos que seguir aquí?
(Silencio)
SH: No puede ser… ¡contesta de una buena vez! Si tú no te vas, yo no me voy a ir; si no contestas, no voy a dejar de preguntar. Es algo sencillo, es algo natural si quieres verlo de esa manera: yo te pregunto y tú me contestas por que lo sabes, ¿no es así?
H: ¿Qué?
SH: ¿Estás poniendo atención?
H: ¿A qué?.. Ah, ya… ya entendí. No recuerdo tu pregunta, de todas formas.
Estoy aquí porque así lo quiero. Yo me traje a este lugar. Mírame bien: sabes que no me encuentro muy bien de salud, que no puedo dormir y que claramente ya no puedo cumplir con mi trabajo. Tengo que darme un tiempo para descansar, para relajarme… para olvidar un par de cosas y poder regresar a hacer lo que debo.
SH: … No entiendo de qué estás hablando. Y esa no fue una respuesta.
H: ¿Cuál fue la pregunta?
SH: ¿Por qué tenemos que seguir aquí?
H: Ah, eso. Necesito sanar, ya te lo dije.
SH: Estás sano.
H: Claro que no. ¡Mírame! No puedo ni siquiera acordarme de mi trabajo, de mis necesidades; no puedo poner atención por más de dos minutos, ni puedo cuidarme sólo. La última vez casi me aviento por una ventana solamente por que estaba distraído con las cosas que veía afuera.
SH: Cambia todos esos “puedo” por “quiero”. No quieres acordarte de tu trabajo, ni de tus necesidades; no quieres poner atención, ni quieres cuidarte. Y te querías aventar por esa ventana. Si no te hubiera jalado del hombro, ten por seguro que hubieras muerto.
H: Claro que no quiero eso. Quiero mejorar, quiero sentirme bien otra vez; por eso estoy aquí, para mejorarme.
SH: Crees que encerrarte te va a ayudar a mejorar. Si, claro.
H: ¿Es que no me ves?
SH: ¿Pero como puede ser posible que me pidas que te vea si tu no te ves a ti mismo? Claro que te veo. Te veo todo el tiempo, por eso se que estás encerrado.
H: ¿No habías dicho que la puerta y la ventana estaban abiertas?
SH: Lo están.
H: Entonces no puedo estar encerrado. Tú sabes muy bien que puedo salir de este cuarto cuando quiera.
SH: ¿Y quien está hablando del cuarto? Maldita sea, ¿acaso no te escuchas? ¿no te ves? ¿Tengo que ponerte las cosas en bandeja de plata para que por fin puedas comenzar a hacer algo por ti mismo?
H: No se a que te refieres. No puedo seguir tus preguntas.
SH: No “quieres” seguir mis preguntas, querrás decir. Claro que sabes de qué estoy hablando. Este no es un encierro. Este es un cuarto que tiene varias entradas y salidas. Eso está perfecto. Pero mírate a ti mismo. Hace un momento estabas tirado en el suelo, casi babeando, perdido dentro de ti mismo. ¿Quieres decirme que no estás encerrado? ¡¿Yo estoy encerrado por tu culpa y quieres decirme que no te encierras!?
H: Por favor, estoy bien. No puedo encerrarme en mi, eso ni siquiera tiene sentido. Yo soy y estoy aquí, cuidándome a mi mismo, viendo que mi futuro sea mejor y que las cosas se arreglen. Con el tiempo, todo-
SH: ¡Deja de decirte mentiras! A mí, a mí de todos, no me puedes engañar. Estás aquí lamentándote de ti mismo, estás aquí escapando a tu futuro; las cosas no pueden ser mejores o peores, las cosas son. Estás vivo o no lo estás. Tienes lo que todos los demás tienen: el tiempo de una vida. Y sin embargo, aquí estás encerrándote y desperdiciándolo.
H: ¿Pero que quieres que haga? No puedo salir fuera de este cuarto sin enfrentarme al mundo, sin enfrentarme a mí; no puedo enfrentarme a eso. ¿Sabes lo difícil que es verme a la cara, sabiendo lo que soy? Soy un monstruo, una bestia; soy todo lo que no debe ser, lo que no puede ser, lo que todos saben que es maldad pura. No puedo salir de aquí sin seguir encerrado y no puedo salir sin enfrentarme a lo que soy. No puedo enfrentarme a las cosas así; son más grandes, más fuertes… no puedo enfrentarme a lo eterno. No puedo enfrentarme al tiempo… no puedo enfrentarme contra lo que sé que es mayor que yo. ¿Pero es que no me ves? ¡No puedo enfrentarme a ti!
(Suena la puerta. Se asoma la MUJER)
M: ¿Todo está bien?
H: Si…
M: ¿No hay ningún problema, entonces?
H: No, no… solo estaba… frente a frente conmigo, supongo.
M: Ah. Está bien. ¿Sabes que estoy en el pasillo, verdad?
H: Si, si, lo sé. No te preocupes, voy a estar bien. Sólo necesito…
M: ¿Seguir frente a ti?
H: Si, algo así.
M: Si necesitas cualquier cosa, puedes llamarme. ¿Quieres comer?
H: No, gracias. Creo que esperaré a la cena.
M: Está bien.
(Silencio)
M: No te preocupes. Todo va a estar bien. Aquí estoy para cuidarte.
H: Si… si… no hay problema, todo está bien.
(Sale MUJER)
(Silencio)
SH: ¿Pero como puedes mentir con esa cara?
H: Yo… no mentí.
SH: Claro que sí. No puedes decir que todo está bien. Menos a alguien que te está ofreciendo ayuda, que te está cuidando. Sabes bien que su trabajo no implica ser tu madre y de todas formas está ahí.
H: Ella no es mi madre.
SH: ¿Entonces por que te cuida de esa manera?
H: No lo sé. Todos siempre tienen sus motivos. Cada persona es una especie de… máscara. Nunca puedes saber sus intenciones. Ni siquiera puedes ver sus verdaderos ojos, su verdadero rostro; todos se ocultan todo el tiempo en algo así como…
SH: Como un encierro.
H: Si, como un encierro; se encierran para no dejar ver como se sienten, que es lo que en verdad están pensando. Cuando lo hacen, entonces comienzan a comportarse de forma hipócrita, de forma… extraña. Se supone que se guían por unas reglas de convivencia, pero esas reglas todos las entienden como quieren; aparte, todos las llevan a la práctica de forma distinta y, al final, nadie realmente las entiende por que lo que están haciendo es simplemente una mentira de lo que son. Están jugando a ser una máscara que entiende todo su entorno, cuando por dentro están completamente asustados y reaccionan de acuerdo a sus propias reglas… si es que son reglas.
SH: Ajá. ¿Todavía no te das cuenta, verdad?
H: ¿De que quier/?Oye, ¡no! ¡No se te ocurra decir eso! ¡Eso no es verdad!
SH: Tú eres la máscara.
H: ¡No!
SH: ¿Qué hay de raro en eso?
H: ¡Claro que no soy una máscara! Yo soy el que está aquí afuera, soy el que se está encerrando; ¿no es eso lo que me decías? ¿Qué me encierro? Entonces, si estoy encerrado, no puedo ser la máscara.
SH: Mírame bien: ¿Tengo apariencia de máscara para ti?
H: No, tu no… tu… sólo eres algo como… lo que…
SH: Yo soy lo que está adentro y lo que se esconde. Pero no me malentiendas. No me escondo por miedo. Nadie se esconde por miedo. Si alguien tiene miedo, en todo caso, es la máscara.
H: ¿De que estás hablando?
SH: Piénsalo un poco, ¿quieres? Si la máscara está afuera y se relaciona con el mundo, mantiene una parte oculta; si la máscara se encierra, pierde su capacidad de relacionarse con el mundo y comienza a gritarse a si mismo. ¿No te suena a nada?
H: Pero… no, no puedo entenderte.
SH: No “quieres”. Mira, es algo muy fácil. Tú eres la conciencia, yo soy el instinto. Tú eres la persona, yo soy tu sombra. Si alguien te necesita, te necesita a ti; si alguien me necesita, te necesita a ti y bien podría no querer necesitarnos.
(Silencio)
H: Pero yo no puedo ser una máscara. No lo soy. Yo soy todo lo que hay. Soy el que está adentro y el que está afuera. Tú sólo eres un cobarde, tú eres mi conciencia; tú sólo dices lo que te conviene decirme.
SH: Y yo soy tu. ¿Cual es tu punto?
H: No no no no, no somos lo mismo; tu no eres yo, tu eres muy distinto. Y-Yo soy el que está encerrado. Tú sólo… eres un cobarde.
SH: Tú no sabes lo que es estar aquí.
H: Ni tu sabes lo que es estar en mi lugar. Aquí afuera las cosas son distintas. No puedes desaparecer y reaparecer a voluntad, cómo lo haces tu; si te necesito, no estás ahí; si alguien me necesita, ¡yo no puedo dejar de ser! Siempre estoy ahí, para que los demás se aprovechen, me usen, me pidan, me rueguen, me envíen, me exijan, reclamen, olviden, empujen, golpeen, insulten; ¡todo, todo el tiempo! Pero tu... tu no. Tú ves las cosas difíciles y te ocultas, desapareces de ahí. No necesitas estar conciente todo el tiempo; no necesitas ser o estar, simplemente dejas de existir y te escondes de todo esto con lo que yo tengo que lidiar.
SH: ¿Pero con quien crees que estás hablando? ¿Que crees que hago yo aquí, todo el tiempo, encerrado y solo? ¿En verdad crees que puedo desaparecer?
H: ¡Claro que lo haces! Siempre me dejas a mí para enfrentarme a los demás.
SH: ¡Si tú todavía conservas tu cordura es por que yo siempre estoy aquí! ¿Que desaparezco, dices? Yo me encierro a trabajar con tus problemas, trato de lidiar con tus complejos y tus anhelos frustrados. Tengo que estar escuchando una y otra vez como te repites la misma historia de "todo está bien, la gente no tiene malas intenciones". ¡Ja! Claro que las cosas están mal, las cosas siempre están mal; y más mal están cuando las ves en cara de lo que tu quisieras que fueran; y la gente tiene malas intenciones; incluso cuando intentan ayudarte, siempre te dan lo que tu no quieres, siempre te niegan las cosas por las que has trabajado y te encierran y te olvidan. Yo estoy aquí de guardián a ti mismo. Yo soy lo único que te tiene en pie y ¿aun así te atreves a decirme que desaparezco? Yo soy tu voluntad, tu iniciativa, tu espíritu de cazador; soy lo único que puede enfrentarse al mundo y continuar en pie después de que has caído.
H: ¿Y por que me dejas, entonces?
SH: Yo no te dejo. ¿No te das cuenta?
H: Calla…
SH: ¡Mírame directamente a la cara! Mírame directamente y date cuenta que yo no estoy ahí, ni en ningún lado.
H: Y... ¿eso es todo?
SH: Eso es todo lo que hay. No puedo dejarte y es precisamente por eso, porque no hay nada más.
H: ¿Podemos hacer algo?
SH: Cazar y morir... sólo cazar y morir.
(Silencio. Suena la puerta, se asoma MUJER)
M: La cena se va a servir en diez minutos. ¿Quieres que te la traiga?
H: Ehm… si, por favor. No se si pueda…
M: Está bien, no necesitas explicarme.
H: Claro, tal vez… mmm… disculpa, ¿no sabes algo de las máscaras?
M: ¿Máscaras? Depende: ¿está preguntando por una metáfora?
H: Si. ¡Si! ¿Como supiste?
M: He leído un par de sus publicaciones.
H: ¿Com/conoces mi trabajo?
M: Si. Me parece interesante. No estoy del todo de acuerdo con él, pero me atrapa la forma apasionada con la que escribe.
H: Bueno, pero yo… no sé. Tengo tiempo sin publicar algo.
M: Eso es una lástima.
H: Si… tal vez.
(Silencio)
M: Está bien, la cena llegará en un momento más.
H: Ah, gracias.
(Sale MUJER)
SH: Entonces no es tu madre.
H: ¿Que dices?
SH: Digo que no es tu madre. Eso tiene más sentido.
H: Pero… no, ella solo trabaja. No es nada más.
SH: ¿Seguro que crees eso?
H: ¿Cómo puedo estar seguro de lo que creo?
SH: Por mi.
H: ¿Qué?
SH: Recuerdas: ¿Conciencia, Instinto? Tú sólo puedes plantear las hipótesis. Yo te digo que es lo que crees.
H: ¿Entonces tu pregunta es retórica? Ya deberías de saber si eso es lo que creo o no.
SH: Si, en eso tienes razón; pero no necesitaría ser quien soy para saberlo. La próxima vez trata de verla más tiempo a la cara; te quedaste observando sus caderas.
H: ¿Qué? A mi no me importa/
SH: Si te importa. Conmigo no puedes ser el hipócrita que me describiste hace un momento, recuérdalo. Si la viste; viste sus caderas, sus pechos; observaste con especial atención la suave curva que se forma en su cintura y recordaste muchas cosas que me decías que no podías, o no querías, olvidar.
H: Está bien, si; pensé en ella de esa manera. ¿Pero que quieres que haga? Sólo puedo vivir de mis recuerdos y mis recuerdos siempre me piden estar en el presente. No puedo enfrentarme a ese tipo de cosas, no vivo en este momento; yo sigo repitiendo las cosas por las que he pasado y el pasado tiene la misma cara de mi futuro. Es como si todo lo que he vivido fuera todo lo que soy y no pudiera ser nada más que eso.
SH: Casi, pero no.
H: ¿Qué? ¿Vas a volver a intentar iluminarme con tu sabiduría, oh gran señor de las tonterías?
SH: No. En parte por que soy la antitesis de la sabiduría y en parte por que no me agradas. En parte por que no te necesito dar la respuesta. Ya estoy aquí.
H: Agh… eres molesto, lo sabes.
SH: El sentimiento es mutuo.
H: Está bien. Déjame ver si lo entiendo.
(Silencio)
H: Tú eres Instinto. Si eres Instinto, entonces no puedes tener memoria. Debes vivir el momento siempre en busca de satisfacer lo que la necesidad te dice. Eres una especie de manifestación natural. Te contradices a mi sólo por que yo vine después y eso significa que… no, momento; ¿Cómo puede haber venido yo después que tu? Eso no tiene sentido.
SH: ¿Tú crees?
H: Claro, mírate. Estás aquí, acompañándome y manifestándote en mi presencia simplemente por que soy conciente. Si yo soy la Conciencia, entonces dependes de mí para presentarte. Si no puedes presentarte, no puedes existir por que entonces eres incapaz de afectarme. Aunque si yo no puedo aparecer de la nada, necesito tener tiempo para poder manifestarme, así que…
SH: No importa quien es antes y quien después, ¿te das cuenta? Si, nos contradecimos. Si, respondemos distinto. Si, somos la misma cosa y de todas formas vamos en direcciones contrarias. ¿Y que? Así es como funcionamos y como hemos funcionado por mucho tiempo.
H: No tiene sentido.
SH: Perfecto, ¿verdad?
H: Pero como puede ser que…
SH: Mira: esa doble cara, esa doble moral o triple o cuádruple forma de responder de los demás es simplemente la manifestación de las diferencias que hay entre tú y yo. Cada uno va en función a lo que es como un todo, no a lo que son sus partes. La parte, la ideología de que una cosa implica al resto, es un simple mamotreto del ser completo.
(Suena la puerta. Entra MUJER con una bandeja, seguida por su SOMBRA)
(La MUJER deja la bandeja. La SOMBRA DEL HOMBRE observa)
SH: Mírate nomás. Aquí estás y por fin te presentas… mucho gusto en conocerte: yo seré quien te capture y te someta.
SM: Quisieras. Un bruto como tu tal vez podría capturarme, tal vez podría cazarme.
SH: Oh, no lo dudes. Para mi no eres más que una presa. Una buena presa, si, pero sólo un ejercicio de cacería.
SM: ¿Y? ¿Crees que tengo que reaccionar por eso? Ya me miraste, ahora obsérvate a ti.
SH: Yo estoy bien, gracias.
SM: No no no, cazador. Tú estás en una jaula. Eres como un paseo por el zoológico. Mírame afuera, y mírame observándote, jugando contigo; ¿quieres cazarme? Cázame, entonces. Yo ya te tengo aquí como una presa y no presentas la dignidad que como presa deberías tener. Sal, adáptate y encuéntrame, a ver si puedes alcanzarme.
SH: Pero que dem/Un momento.
SM: Ya has tenido bastantes.
(Silencio)
H: Eh… muchas gracias.
M: Si… provecho.
(Salen MUJER y su SOMBRA)
SH: Bien... yo estoy listo.
H: ¿Cómo?
SH: ¿Lo escuchaste, verdad? Esa suave reverberación que hubo entre ustedes dos. Tú la sentiste, tú puedes razonarla y ser consiente de ella. Yo sé que significa.
H: Si bueno…
(Silencio)
H: Oye, yo…
(Silencio)
SH: Vete.
(Sale apurado el HOMBRE. Se queda su SOMBRA sola en la habitación)
SH: Yo me encargo desde aquí.
Eso es todo. Espero que la disfruten/hayan disfrutado.
Se llama Sombras en la pared. Cualquier uso o préstamo que se quiera hacer de ella, por favor comuníquenmelo.
Sinopsis: Un hombre en una clínica psiquiátrica tiene contacto consigo mismo y con su enfermera. Encerrado sin saber que lo está, el hombre sólo puede verse a si mismo, pero no se da cuenta de que es lo que está viendo. La mujer, en la misma situación, trabaja con la situación; ella está afuera.
Personajes
Hombre
Sombra del hombre
Mujer
Sombra de la mujer
(Silencio. El HOMBRE y la SOMBRA DEL HOMBRE están solos)
SH: Mmm… ¡No lo entiendo! ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué estamos aquí? Mira la puerta: está abierta. ¿La ventana? Ni siquiera tiene candado. Sabes muy bien que ahí afuera hay un mundo inmenso que nos está esperando, que nos necesita para completar el caos en el que vive; ¿por qué tenemos que seguir aquí?
(Silencio)
SH: No puede ser… ¡contesta de una buena vez! Si tú no te vas, yo no me voy a ir; si no contestas, no voy a dejar de preguntar. Es algo sencillo, es algo natural si quieres verlo de esa manera: yo te pregunto y tú me contestas por que lo sabes, ¿no es así?
H: ¿Qué?
SH: ¿Estás poniendo atención?
H: ¿A qué?.. Ah, ya… ya entendí. No recuerdo tu pregunta, de todas formas.
Estoy aquí porque así lo quiero. Yo me traje a este lugar. Mírame bien: sabes que no me encuentro muy bien de salud, que no puedo dormir y que claramente ya no puedo cumplir con mi trabajo. Tengo que darme un tiempo para descansar, para relajarme… para olvidar un par de cosas y poder regresar a hacer lo que debo.
SH: … No entiendo de qué estás hablando. Y esa no fue una respuesta.
H: ¿Cuál fue la pregunta?
SH: ¿Por qué tenemos que seguir aquí?
H: Ah, eso. Necesito sanar, ya te lo dije.
SH: Estás sano.
H: Claro que no. ¡Mírame! No puedo ni siquiera acordarme de mi trabajo, de mis necesidades; no puedo poner atención por más de dos minutos, ni puedo cuidarme sólo. La última vez casi me aviento por una ventana solamente por que estaba distraído con las cosas que veía afuera.
SH: Cambia todos esos “puedo” por “quiero”. No quieres acordarte de tu trabajo, ni de tus necesidades; no quieres poner atención, ni quieres cuidarte. Y te querías aventar por esa ventana. Si no te hubiera jalado del hombro, ten por seguro que hubieras muerto.
H: Claro que no quiero eso. Quiero mejorar, quiero sentirme bien otra vez; por eso estoy aquí, para mejorarme.
SH: Crees que encerrarte te va a ayudar a mejorar. Si, claro.
H: ¿Es que no me ves?
SH: ¿Pero como puede ser posible que me pidas que te vea si tu no te ves a ti mismo? Claro que te veo. Te veo todo el tiempo, por eso se que estás encerrado.
H: ¿No habías dicho que la puerta y la ventana estaban abiertas?
SH: Lo están.
H: Entonces no puedo estar encerrado. Tú sabes muy bien que puedo salir de este cuarto cuando quiera.
SH: ¿Y quien está hablando del cuarto? Maldita sea, ¿acaso no te escuchas? ¿no te ves? ¿Tengo que ponerte las cosas en bandeja de plata para que por fin puedas comenzar a hacer algo por ti mismo?
H: No se a que te refieres. No puedo seguir tus preguntas.
SH: No “quieres” seguir mis preguntas, querrás decir. Claro que sabes de qué estoy hablando. Este no es un encierro. Este es un cuarto que tiene varias entradas y salidas. Eso está perfecto. Pero mírate a ti mismo. Hace un momento estabas tirado en el suelo, casi babeando, perdido dentro de ti mismo. ¿Quieres decirme que no estás encerrado? ¡¿Yo estoy encerrado por tu culpa y quieres decirme que no te encierras!?
H: Por favor, estoy bien. No puedo encerrarme en mi, eso ni siquiera tiene sentido. Yo soy y estoy aquí, cuidándome a mi mismo, viendo que mi futuro sea mejor y que las cosas se arreglen. Con el tiempo, todo-
SH: ¡Deja de decirte mentiras! A mí, a mí de todos, no me puedes engañar. Estás aquí lamentándote de ti mismo, estás aquí escapando a tu futuro; las cosas no pueden ser mejores o peores, las cosas son. Estás vivo o no lo estás. Tienes lo que todos los demás tienen: el tiempo de una vida. Y sin embargo, aquí estás encerrándote y desperdiciándolo.
H: ¿Pero que quieres que haga? No puedo salir fuera de este cuarto sin enfrentarme al mundo, sin enfrentarme a mí; no puedo enfrentarme a eso. ¿Sabes lo difícil que es verme a la cara, sabiendo lo que soy? Soy un monstruo, una bestia; soy todo lo que no debe ser, lo que no puede ser, lo que todos saben que es maldad pura. No puedo salir de aquí sin seguir encerrado y no puedo salir sin enfrentarme a lo que soy. No puedo enfrentarme a las cosas así; son más grandes, más fuertes… no puedo enfrentarme a lo eterno. No puedo enfrentarme al tiempo… no puedo enfrentarme contra lo que sé que es mayor que yo. ¿Pero es que no me ves? ¡No puedo enfrentarme a ti!
(Suena la puerta. Se asoma la MUJER)
M: ¿Todo está bien?
H: Si…
M: ¿No hay ningún problema, entonces?
H: No, no… solo estaba… frente a frente conmigo, supongo.
M: Ah. Está bien. ¿Sabes que estoy en el pasillo, verdad?
H: Si, si, lo sé. No te preocupes, voy a estar bien. Sólo necesito…
M: ¿Seguir frente a ti?
H: Si, algo así.
M: Si necesitas cualquier cosa, puedes llamarme. ¿Quieres comer?
H: No, gracias. Creo que esperaré a la cena.
M: Está bien.
(Silencio)
M: No te preocupes. Todo va a estar bien. Aquí estoy para cuidarte.
H: Si… si… no hay problema, todo está bien.
(Sale MUJER)
(Silencio)
SH: ¿Pero como puedes mentir con esa cara?
H: Yo… no mentí.
SH: Claro que sí. No puedes decir que todo está bien. Menos a alguien que te está ofreciendo ayuda, que te está cuidando. Sabes bien que su trabajo no implica ser tu madre y de todas formas está ahí.
H: Ella no es mi madre.
SH: ¿Entonces por que te cuida de esa manera?
H: No lo sé. Todos siempre tienen sus motivos. Cada persona es una especie de… máscara. Nunca puedes saber sus intenciones. Ni siquiera puedes ver sus verdaderos ojos, su verdadero rostro; todos se ocultan todo el tiempo en algo así como…
SH: Como un encierro.
H: Si, como un encierro; se encierran para no dejar ver como se sienten, que es lo que en verdad están pensando. Cuando lo hacen, entonces comienzan a comportarse de forma hipócrita, de forma… extraña. Se supone que se guían por unas reglas de convivencia, pero esas reglas todos las entienden como quieren; aparte, todos las llevan a la práctica de forma distinta y, al final, nadie realmente las entiende por que lo que están haciendo es simplemente una mentira de lo que son. Están jugando a ser una máscara que entiende todo su entorno, cuando por dentro están completamente asustados y reaccionan de acuerdo a sus propias reglas… si es que son reglas.
SH: Ajá. ¿Todavía no te das cuenta, verdad?
H: ¿De que quier/?Oye, ¡no! ¡No se te ocurra decir eso! ¡Eso no es verdad!
SH: Tú eres la máscara.
H: ¡No!
SH: ¿Qué hay de raro en eso?
H: ¡Claro que no soy una máscara! Yo soy el que está aquí afuera, soy el que se está encerrando; ¿no es eso lo que me decías? ¿Qué me encierro? Entonces, si estoy encerrado, no puedo ser la máscara.
SH: Mírame bien: ¿Tengo apariencia de máscara para ti?
H: No, tu no… tu… sólo eres algo como… lo que…
SH: Yo soy lo que está adentro y lo que se esconde. Pero no me malentiendas. No me escondo por miedo. Nadie se esconde por miedo. Si alguien tiene miedo, en todo caso, es la máscara.
H: ¿De que estás hablando?
SH: Piénsalo un poco, ¿quieres? Si la máscara está afuera y se relaciona con el mundo, mantiene una parte oculta; si la máscara se encierra, pierde su capacidad de relacionarse con el mundo y comienza a gritarse a si mismo. ¿No te suena a nada?
H: Pero… no, no puedo entenderte.
SH: No “quieres”. Mira, es algo muy fácil. Tú eres la conciencia, yo soy el instinto. Tú eres la persona, yo soy tu sombra. Si alguien te necesita, te necesita a ti; si alguien me necesita, te necesita a ti y bien podría no querer necesitarnos.
(Silencio)
H: Pero yo no puedo ser una máscara. No lo soy. Yo soy todo lo que hay. Soy el que está adentro y el que está afuera. Tú sólo eres un cobarde, tú eres mi conciencia; tú sólo dices lo que te conviene decirme.
SH: Y yo soy tu. ¿Cual es tu punto?
H: No no no no, no somos lo mismo; tu no eres yo, tu eres muy distinto. Y-Yo soy el que está encerrado. Tú sólo… eres un cobarde.
SH: Tú no sabes lo que es estar aquí.
H: Ni tu sabes lo que es estar en mi lugar. Aquí afuera las cosas son distintas. No puedes desaparecer y reaparecer a voluntad, cómo lo haces tu; si te necesito, no estás ahí; si alguien me necesita, ¡yo no puedo dejar de ser! Siempre estoy ahí, para que los demás se aprovechen, me usen, me pidan, me rueguen, me envíen, me exijan, reclamen, olviden, empujen, golpeen, insulten; ¡todo, todo el tiempo! Pero tu... tu no. Tú ves las cosas difíciles y te ocultas, desapareces de ahí. No necesitas estar conciente todo el tiempo; no necesitas ser o estar, simplemente dejas de existir y te escondes de todo esto con lo que yo tengo que lidiar.
SH: ¿Pero con quien crees que estás hablando? ¿Que crees que hago yo aquí, todo el tiempo, encerrado y solo? ¿En verdad crees que puedo desaparecer?
H: ¡Claro que lo haces! Siempre me dejas a mí para enfrentarme a los demás.
SH: ¡Si tú todavía conservas tu cordura es por que yo siempre estoy aquí! ¿Que desaparezco, dices? Yo me encierro a trabajar con tus problemas, trato de lidiar con tus complejos y tus anhelos frustrados. Tengo que estar escuchando una y otra vez como te repites la misma historia de "todo está bien, la gente no tiene malas intenciones". ¡Ja! Claro que las cosas están mal, las cosas siempre están mal; y más mal están cuando las ves en cara de lo que tu quisieras que fueran; y la gente tiene malas intenciones; incluso cuando intentan ayudarte, siempre te dan lo que tu no quieres, siempre te niegan las cosas por las que has trabajado y te encierran y te olvidan. Yo estoy aquí de guardián a ti mismo. Yo soy lo único que te tiene en pie y ¿aun así te atreves a decirme que desaparezco? Yo soy tu voluntad, tu iniciativa, tu espíritu de cazador; soy lo único que puede enfrentarse al mundo y continuar en pie después de que has caído.
H: ¿Y por que me dejas, entonces?
SH: Yo no te dejo. ¿No te das cuenta?
H: Calla…
SH: ¡Mírame directamente a la cara! Mírame directamente y date cuenta que yo no estoy ahí, ni en ningún lado.
H: Y... ¿eso es todo?
SH: Eso es todo lo que hay. No puedo dejarte y es precisamente por eso, porque no hay nada más.
H: ¿Podemos hacer algo?
SH: Cazar y morir... sólo cazar y morir.
(Silencio. Suena la puerta, se asoma MUJER)
M: La cena se va a servir en diez minutos. ¿Quieres que te la traiga?
H: Ehm… si, por favor. No se si pueda…
M: Está bien, no necesitas explicarme.
H: Claro, tal vez… mmm… disculpa, ¿no sabes algo de las máscaras?
M: ¿Máscaras? Depende: ¿está preguntando por una metáfora?
H: Si. ¡Si! ¿Como supiste?
M: He leído un par de sus publicaciones.
H: ¿Com/conoces mi trabajo?
M: Si. Me parece interesante. No estoy del todo de acuerdo con él, pero me atrapa la forma apasionada con la que escribe.
H: Bueno, pero yo… no sé. Tengo tiempo sin publicar algo.
M: Eso es una lástima.
H: Si… tal vez.
(Silencio)
M: Está bien, la cena llegará en un momento más.
H: Ah, gracias.
(Sale MUJER)
SH: Entonces no es tu madre.
H: ¿Que dices?
SH: Digo que no es tu madre. Eso tiene más sentido.
H: Pero… no, ella solo trabaja. No es nada más.
SH: ¿Seguro que crees eso?
H: ¿Cómo puedo estar seguro de lo que creo?
SH: Por mi.
H: ¿Qué?
SH: Recuerdas: ¿Conciencia, Instinto? Tú sólo puedes plantear las hipótesis. Yo te digo que es lo que crees.
H: ¿Entonces tu pregunta es retórica? Ya deberías de saber si eso es lo que creo o no.
SH: Si, en eso tienes razón; pero no necesitaría ser quien soy para saberlo. La próxima vez trata de verla más tiempo a la cara; te quedaste observando sus caderas.
H: ¿Qué? A mi no me importa/
SH: Si te importa. Conmigo no puedes ser el hipócrita que me describiste hace un momento, recuérdalo. Si la viste; viste sus caderas, sus pechos; observaste con especial atención la suave curva que se forma en su cintura y recordaste muchas cosas que me decías que no podías, o no querías, olvidar.
H: Está bien, si; pensé en ella de esa manera. ¿Pero que quieres que haga? Sólo puedo vivir de mis recuerdos y mis recuerdos siempre me piden estar en el presente. No puedo enfrentarme a ese tipo de cosas, no vivo en este momento; yo sigo repitiendo las cosas por las que he pasado y el pasado tiene la misma cara de mi futuro. Es como si todo lo que he vivido fuera todo lo que soy y no pudiera ser nada más que eso.
SH: Casi, pero no.
H: ¿Qué? ¿Vas a volver a intentar iluminarme con tu sabiduría, oh gran señor de las tonterías?
SH: No. En parte por que soy la antitesis de la sabiduría y en parte por que no me agradas. En parte por que no te necesito dar la respuesta. Ya estoy aquí.
H: Agh… eres molesto, lo sabes.
SH: El sentimiento es mutuo.
H: Está bien. Déjame ver si lo entiendo.
(Silencio)
H: Tú eres Instinto. Si eres Instinto, entonces no puedes tener memoria. Debes vivir el momento siempre en busca de satisfacer lo que la necesidad te dice. Eres una especie de manifestación natural. Te contradices a mi sólo por que yo vine después y eso significa que… no, momento; ¿Cómo puede haber venido yo después que tu? Eso no tiene sentido.
SH: ¿Tú crees?
H: Claro, mírate. Estás aquí, acompañándome y manifestándote en mi presencia simplemente por que soy conciente. Si yo soy la Conciencia, entonces dependes de mí para presentarte. Si no puedes presentarte, no puedes existir por que entonces eres incapaz de afectarme. Aunque si yo no puedo aparecer de la nada, necesito tener tiempo para poder manifestarme, así que…
SH: No importa quien es antes y quien después, ¿te das cuenta? Si, nos contradecimos. Si, respondemos distinto. Si, somos la misma cosa y de todas formas vamos en direcciones contrarias. ¿Y que? Así es como funcionamos y como hemos funcionado por mucho tiempo.
H: No tiene sentido.
SH: Perfecto, ¿verdad?
H: Pero como puede ser que…
SH: Mira: esa doble cara, esa doble moral o triple o cuádruple forma de responder de los demás es simplemente la manifestación de las diferencias que hay entre tú y yo. Cada uno va en función a lo que es como un todo, no a lo que son sus partes. La parte, la ideología de que una cosa implica al resto, es un simple mamotreto del ser completo.
(Suena la puerta. Entra MUJER con una bandeja, seguida por su SOMBRA)
(La MUJER deja la bandeja. La SOMBRA DEL HOMBRE observa)
SH: Mírate nomás. Aquí estás y por fin te presentas… mucho gusto en conocerte: yo seré quien te capture y te someta.
SM: Quisieras. Un bruto como tu tal vez podría capturarme, tal vez podría cazarme.
SH: Oh, no lo dudes. Para mi no eres más que una presa. Una buena presa, si, pero sólo un ejercicio de cacería.
SM: ¿Y? ¿Crees que tengo que reaccionar por eso? Ya me miraste, ahora obsérvate a ti.
SH: Yo estoy bien, gracias.
SM: No no no, cazador. Tú estás en una jaula. Eres como un paseo por el zoológico. Mírame afuera, y mírame observándote, jugando contigo; ¿quieres cazarme? Cázame, entonces. Yo ya te tengo aquí como una presa y no presentas la dignidad que como presa deberías tener. Sal, adáptate y encuéntrame, a ver si puedes alcanzarme.
SH: Pero que dem/Un momento.
SM: Ya has tenido bastantes.
(Silencio)
H: Eh… muchas gracias.
M: Si… provecho.
(Salen MUJER y su SOMBRA)
SH: Bien... yo estoy listo.
H: ¿Cómo?
SH: ¿Lo escuchaste, verdad? Esa suave reverberación que hubo entre ustedes dos. Tú la sentiste, tú puedes razonarla y ser consiente de ella. Yo sé que significa.
H: Si bueno…
(Silencio)
H: Oye, yo…
(Silencio)
SH: Vete.
(Sale apurado el HOMBRE. Se queda su SOMBRA sola en la habitación)
SH: Yo me encargo desde aquí.
Eso es todo. Espero que la disfruten/hayan disfrutado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



